Placer (La seducción en tus Manos)
Había sido un día muy bueno, un rico sol, un día relajado. Llegué temprano a mi casa.
Puse un poco de música y me recosté en la cama con las ansias de que llegaras para aplacar la soledad que se respiraba.
La música sonaba de fondo. Puse atención en una voz que se escuchaba a lo lejos y no quise abrir mis ojos por miedo a perder el agradable momento; pero su voz seguía retumbando y cada vez más cerca.
Solo pude distinguir una voz que me dijo:
- “No abras los ojos por ningún motivo”.
Mi corazón comenzó a acelerarse a medida que podía escuchar tu respiración más cerca de mí. Yo solo me dejé llevar. Llego a mi lado, sentía como me observaba, como recorría con la vista mi cuerpo. No pronuncié palabra para no arruinar el momento. Solo sentí sus labios posándose en los míos, y su lengua recorriéndolos lentamente. Eso produjo un fuerte temblor en mi cuerpo.
Vendó mis ojos con un paño seda, estaba dispuesta a hablar cuando su dedo a mi boca
- “No te preocupes mi amor, déjamelo todo a mi” - dijo
Yo, ni tonta ni loca, acepté y me relaje por completo en la cama. Sentí su cuerpo encima del mío y el calor de su piel encima de mi ropa. Comenzó a susurrar lo rico que se sentía tenerme a su plena disposición y lo excitante que era el momento.
Comenzó besando mi cuello lentamente, sus labios y su lengua hacían un muy buen trabajo. Sentía como bajaba lentamente por mi cuello y sus manos desabrochando la blusa que llevaba puesta. Lentamente rozo su lengua en uno de mis duros pezones mientras que con la mano acariciaba el otro pecho.
Yo estaba entregada a la vida. Mordió, beso, acaricio, chupo y lamió mis pechos sin compasión alguna, mi cuerpo comenzaba a sudar y a temblar con cada acción de su parte, tratando de ocultar mis ansias de que el siguiera bajando lo antes posible.
Bajó lentamente al ver mi desesperación, su lengua recorrió mi abdomen hasta llegar a mi pelvis; yo solo llevaba puesta ropa interior para ese momento. Su lengua comenzó a explorar por encima de mi pantaleta, lo sentí alejarse y comenzar a quitarmela lentamente dejando mi sexo expuesto al aire y a su vista. Con sus dedos comenzó a explorar cada superficie acariciando cada pliegue.
Mi calor corporal ya estaba por las nubes y la humedad de mi entrepierna se hacia notar.
Acercó su lengua y comenzó a frotarla en mi clítoris sin compasión. Su lengua jugaba con ese botoncito rosado, que provocaba cada vez más espasmos en mi cuerpo. Con sus manos comenzó a hacerse paso abriendo los pliegues que se formaban hasta llegar al centro de mi sexo que, en ese momento, estaba caliente, húmedo y palpitante.
Bajó con su lengua y recorrió todo el contorno. Podía sentir como su boca se saboreaba y disfrutaba de su sabor. Su respiración agitada me hacia sentir que, al igual que yo, estaba deseoso de seguir explorando.
El disfrutaba tanto como yo cada movimiento. Su lengua entrando y saliendo. El calor aumentaba y mi éxtasis ya se hacia notar, yo solo le pedía que siguiera; cada lengüetazo, cada chupada que el realizaba en mi sexo me hacia ver las estrellas.
Mi sexo ya no daba más y mis ganas de poder demostrar mi éxtasis no se hacían esperar. Mis gemidos comenzaron a ser más acelerados y fuertes; y su lengua entraba y salía, recorría y recorría cada pliegue con más entusiasmo.
Para ese momento yo no daba más y mi cuerpo se retorcía. Luego, del fondo de mi ser, lancé un gemido que dejó más que claro que ese momento había sido sublime.
Quedé rendida en la cama sin poder decir una palabra. Estuve un rato quieta y de pronto sentí que ya no estaba ahí, abrí mis ojos y la venda no estaba. La música seguía sonando de fondo y la casa seguía vacía.
Yo estaba con la blusa y la pantaleta puesta, mi entrepierna húmeda y mi cuerpo sudando. Fue entonces cuando me di cuenta que solo había sido un caluroso y rico sueño.
Este es un aporte de “antito”
Muchas gracias por compartir tu historia.